(O cómo descubrir mis 12 años de edad mental a la humanidad...)
1. Pablo Sotelo (Stereotipos)
2. Dani Marco (Despistaos)
3. Marcos Casal (La sonrisa de Julia)
4. Mario de Inocencio (Días Extraños)
5. Santi Balmes (Love of Lesbian)
6. Dani Mateo
7. Dani Sánchez Arévalo (Primo)
8. Joaquín Sabina
9. David Otero (El pescao)
10. Carlos García (Días Extraños)
11. Krespo (Despistaos)
12. Willy Naves
13. Noni (Lori meyers)
14. Álvaro Navarro (Miss Caffeina)
15. Enric Montefusco (Standstill)
Mi pequeña obsesión por las barbas.
10 de septiembre de 2012
29 de agosto de 2012
Ojalá en París.
No tener a la persona con la que quieres estar a tu lado es una putada.
Yo que soy tan reacia a las moderneces, a mí que me gusta que me enamoren por correo (no electrónico, gracias) y me ganen con las sonrisas, yo. Y vas tú y apareces por las redes sociales, y me vacilas, y encima voy y te doy mi número de teléfono, aún no lo entiendo, con lo gañán que tú eres y lo pastel que soy yo...
Ahora sueño cada noche con el momento de verte y saltar a tus brazos, que nos enredemos por el suelo de cualquier hotel de dos estrellas y me susurres un te quiero como lo hiciste por primera vez, y nunca olvidaré. Ya no sé dormir si no oigo tu voz justo antes de taparme con el edredón. Tus "Quiero verte para enamorarme y perder la cabeza por ti", o "Estoy empalmado de pensar en ti", ser tu niña, tu rubia, tu, tu y tú. Ya no hay nada más, ni quiero nada más.
Luego otra vez a vivir, luego primavera, invierno.
Nunca me ha gustado París.
21 de agosto de 2012
Título.
¿Os habéis fijado que cuando dibujáis con pintura sobre algo en rotulador, aunque mal, acaba por cubrir al anterior dibujo? Al contrario no pasa... resbala.
Las personas somos así, pueden garabatear tu corazón con mil rotuladores que llegará alguien que dibuje tu historia de princesas con la pintura más pastel del mundo, y será bello. (Lo bello y lo bestia.)
4 de julio de 2012
Hoy no es triste.
No sé qué sería de mí sin los micromomentos de felicidad que me da. Reírnos de todo o de nada, pero reírnos, y mirarnos, y comernos con los ojos, y seguir riendo.
Por esto es por lo que le quiero, nadie sabe hacerme caer tan bajo como él y luego levantarme hasta el cielo tirando de mi sonrisa.
Si yo soy buena e inocente...
19 de abril de 2012
las tardes de verano son para los chicos que comen pipas: te regalo un poder
las tardes de verano son para los chicos que comen pipas: te regalo un poder: y a lo mejor desaparecer no sé... puede ser un buen poder, te lo adjudico. desaparece para mi durante el resto de mi vida.
18 de abril de 2012
Maldita dulzura.
¿Sabes lo peor? Saber (así, totalmente segura) que es algo imposible y seguir rompiéndome la boca por conseguirlo. Esos pinchazos en el estómago al quedarte esperando que llegue un gesto, pero no, o unas palabras, pero tampoco, todo se queda en stand by (porque algún día estuvieron encedidos los incendios y me niego completamente a que lo dejes morir). Pero yo ya no te entiendo, ni a ti, ni a mi, ni a nada.
Son tiempos de mirarnos a los ojos y callar, de intentos de acercamiento que se quedan en nada, de ganas que se quedan con las ganas, de tu querer hacer y no saber cómo, de que intuyas que no sé ni respirar sin pensar en ti, que todo tiembla si me hablas tan cerca, que te echo tanto de menos... y nunca aceptarlo. Tiempo de mi mirada fija en la otra punta de la habitación y sonrisa sin fuerzas. - ¿Qué te pasa? - Nada. (Y ese nada siempre significa todo...) Y algún día, espero, alguno de los dos estallará, me darás uno de nuestros abrazos y volverá a estar todo bien, y volverá a quedar claro que soy una idiota. Tu idiota.
Yo por mi parte seguiré comportándome así, hasta que me termines queriendo. O odiando.
Maldita dulzura la nuestra.
Son tiempos de mirarnos a los ojos y callar, de intentos de acercamiento que se quedan en nada, de ganas que se quedan con las ganas, de tu querer hacer y no saber cómo, de que intuyas que no sé ni respirar sin pensar en ti, que todo tiembla si me hablas tan cerca, que te echo tanto de menos... y nunca aceptarlo. Tiempo de mi mirada fija en la otra punta de la habitación y sonrisa sin fuerzas. - ¿Qué te pasa? - Nada. (Y ese nada siempre significa todo...) Y algún día, espero, alguno de los dos estallará, me darás uno de nuestros abrazos y volverá a estar todo bien, y volverá a quedar claro que soy una idiota. Tu idiota.
Yo por mi parte seguiré comportándome así, hasta que me termines queriendo. O odiando.
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Maldita dulzura la nuestra.
30 de marzo de 2012
24 de marzo (o cómo pasar una noche espectacular)
Mucha gente, calor, ruido que se mezcla con algo parecido a lo que llaman música y olor a sal. La música se para y tras unos milisegundoes en silencio se oyen aplausos. Marcos, Curro y Raúl salen al escenario, más aplausos, silbidos, gritos... Aún no sabían lo que les esperaba esa noche. Con los primeros acordes ya mandaron una onda de buen rollo a las 450 personas allí presentes (sold-out, increíble), y al llegar al estribillo yo ya estaba totalmente colgada de esa voz, de los bailes y de la energía que desprendían los bellos de La sonrisa de Julia. (Todo pese al altísimo volumen de los altavoces que a veces reventaban los oídos)
Y así fue pasando la casi hora y media de concierto entre saltos, miradas bonitas, risas, gritos, bromas, canciones de quedarte quieta, con los ojos cerrados y notándolo fuerte ('Puedo', 'Dónde está mi vida'... Esta última, uf, preciosa); muchos saltos ('Loco'); 'Extraño', que fue una de las mejores de la noche... Por desgracia todo tiene un fin, y el de este concierto ya llegaba (y eso no mola, no mola nada tío). Aparece Alberto en el escenario, es momento de 'El hombre que olvidó su nombre' y yo me quedo, aparte de mi enamoramiento con esa canción y su respectivo baile epiléptico, con las miradas y sonrisas cómplices encima del escenario. Que todo eso se transmite, de verdad.
Fin. Un final sudoroso y con una sensación inexplicable que me dibujaba una sonrisa en la cara. Pero la noche no había terminado, ni de coña. Aún quedaban otros cinco señores bonitos por subir ahí arriba.
Comienzo del concierto algo frío, Alberto pachuchillo hacía lo que podía y el resto de los Miss Caffeina parecía que estaban un poco en otro mundo, cosa que se arregló a la tercera canción. No faltó el larala en 'Mi rutina preferida', 'Otoño y mariposas', me sorprendió 'Golosinas, otra canción para cerrar los ojos y dejar que haga pum pum; los saltos en 'Ley de gravitación universal', 'Ley de imposibilidad del fenómeno' que me llegó al alma y 'Capitán' sintiendo como retumba por dentro. 'Lisboa' espectacular, junto con Marcos, de la Sonrisa, que elevaba los pies del suelo de verdad, con un fin en 'El hombre que olvidó su nombre' de nuevo y caras de felicidad absoluta en todos y cada uno de los que ocupaban el escenario.
Tras suplicar varias veces 'Otra', ahora sí que sí, llega el (sublime) final con 'Cabaret'. Ojalá pudiese probar un poquito de lo que siente Alberto en ese momento cantando entre el público, debe ser genial... Una vez todos arriba, la última parte de la última canción del último grupo de la noche acaba, y lo que yo tengo es agotamiento y felicidad a partes iguales, es extremo.
Es precioso.
Y así fue pasando la casi hora y media de concierto entre saltos, miradas bonitas, risas, gritos, bromas, canciones de quedarte quieta, con los ojos cerrados y notándolo fuerte ('Puedo', 'Dónde está mi vida'... Esta última, uf, preciosa); muchos saltos ('Loco'); 'Extraño', que fue una de las mejores de la noche... Por desgracia todo tiene un fin, y el de este concierto ya llegaba (y eso no mola, no mola nada tío). Aparece Alberto en el escenario, es momento de 'El hombre que olvidó su nombre' y yo me quedo, aparte de mi enamoramiento con esa canción y su respectivo baile epiléptico, con las miradas y sonrisas cómplices encima del escenario. Que todo eso se transmite, de verdad.
Fin. Un final sudoroso y con una sensación inexplicable que me dibujaba una sonrisa en la cara. Pero la noche no había terminado, ni de coña. Aún quedaban otros cinco señores bonitos por subir ahí arriba.
Comienzo del concierto algo frío, Alberto pachuchillo hacía lo que podía y el resto de los Miss Caffeina parecía que estaban un poco en otro mundo, cosa que se arregló a la tercera canción. No faltó el larala en 'Mi rutina preferida', 'Otoño y mariposas', me sorprendió 'Golosinas, otra canción para cerrar los ojos y dejar que haga pum pum; los saltos en 'Ley de gravitación universal', 'Ley de imposibilidad del fenómeno' que me llegó al alma y 'Capitán' sintiendo como retumba por dentro. 'Lisboa' espectacular, junto con Marcos, de la Sonrisa, que elevaba los pies del suelo de verdad, con un fin en 'El hombre que olvidó su nombre' de nuevo y caras de felicidad absoluta en todos y cada uno de los que ocupaban el escenario.
Tras suplicar varias veces 'Otra', ahora sí que sí, llega el (sublime) final con 'Cabaret'. Ojalá pudiese probar un poquito de lo que siente Alberto en ese momento cantando entre el público, debe ser genial... Una vez todos arriba, la última parte de la última canción del último grupo de la noche acaba, y lo que yo tengo es agotamiento y felicidad a partes iguales, es extremo.
Es precioso.
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