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25 de abril de 2014

De mucho y nada en la misma noche.

Crónica del Spring Break Festival 2014 en Santander.

Como ya os contábamos hace unos días, el miércoles pasado se celebró el Spring Break Festival en Santander, una mezcla un poco extraña de rock-indie-electrónica-partido Barça-Madrid.

Fue una noche rara (sí, me repito, pero es que es la palabra). Dos escenarios, bueno, un escenario en el interior de la sala y una carpa Red Bull en el exterior con dj’s. Y una pantalla con todo el previo y el partido de final de copa a un lateral del Escenario Santander, cosa que para mí sobró mucho. Entiendo que la organización mire por la asistencia de la gente al evento que ese es el fin de estas cosas, pero no lo comparto, me parece una falta total de respeto hacia el grupo que estaba en el escenario en el momento del partido.

La tarde empezó flojita, dj’s tanto en el exterior y en el interior y poca gente por allí. Tras esta primera actuación – contacto salen al escenario Kitai. Yo nunca les había visto y me quedé sin palabras. No es que me engancharan, sinceramente, quizás porque el sonido era un poco regular. Lo que no puedo negar es que tienen un rollazo, sonaban muy fuerte, sin importarles si había mucho o poco público lo dieron todo. Hay gente que tiene fuego dentro, y Alex, el cantante, lo tiene. Y bailes raros, muy a lo Mick Jagger. Extravagancia.

Después vino lo que fue para mí el plato fuerte, Dinero. A Y. Que no es porque a mí me gusten, que sí, pero es que se salieron ahí arriba. Sobre hora y medio de concierto con la intensidad al máximo. Contundente, canciones con fuerza, rabia, sudor, con un genio a la batería, un gran peso sobre el bajo y una guitarra que te disparaba a la cabeza. La gente queríamos caña y nos dieron dos tazas. El momento mecheros con Autoafirmación fue precioso, y el fin de fiesta En invierno digno de un buen ataquito al corazón. He de mencionar que durante el show gran parte de los allí presentes sólo estaban viendo el partido de fútbol, se les oía cantar los goles e incluso pedían que se apagara la música siendo ésta la razón principal del evento. Y les odié mucho y fuerte. Eso sí, pena me da que no saben disfrutar de la música y solo van a emborracharse y a moverse sin sentido mientras suena música electrónica.

Y esa es otra, a partir de ese momento empezaron los dj’s. No es que tenga nada en contra, es que el ambiente en general de la gente que lo escucha no me gusta, y la mayoría de la música la encuentro repetitiva y muy parecida. Siempre hay excepciones y canciones que me gustan, claro (las más famosas, yo es que soy muy mainstream) y justo alguna de ellas las escuché esa noche, exactamente igual que las mezclas originales de otros dj’s, no sé. También tengo que mencionar que The Wicked Pair sí que me gustaron bastante, otro rollo. Y como no tengo ni idea de este tipo de música (y de lo demás poco) mejor voy a cerrar el pico antes de que me linchen. Pues ya ves!


27 de diciembre de 2013

De despedidas y sonrisas (o cómo decir adiós al viaje del sonámbulo)

Cuando no sabes cómo empezar a escribir sobre un concierto es que ha ido muy bien. O mejor que bien. Perfecto. O incluso puede llegar al nivel de La Sonrisa de Julia este fin de semana pasado. Bueno… vale, ahí me he pasado.

Lo primero que quiero decir es que yo no soy ni crítica, ni resabiondilla de música, ni nada por el estilo. Yo aquí solo hablo de lo que me pasa a mí por dentro en los conciertos, algo así como una crónica emocional. Y yo esta vez en concreto no respondo de mí, Marcos y Raúl dan por cerrada la etapa de La sonrisa de Julia, qué difícil es decir adiós.

Intento escribir y sólo me salen corazones de las manos, y es que para mí La Sonrisa era mucho más que un simple grupo de música que me gusta, se han hecho un buen huequito en mi pecho. ¿Y ahora qué?  Pues  supongo que ahora todo. Pueden separarse, podemos hacernos viejos, y es que en la vida todo llega y todo pasa. Pero siempre seguirán las canciones, tumbada en tu cama mirando al techo, darlo todo en el coche… que en tu bar favorito cierren con ‘Puedo’, los recuerdos de horas de viaje para verlos en otras ciudades,  sus abrazos… o incluso otro nombre, mismos músicos. Quién sabe. Lo único cierto es que la música es inmortal, y joder, menos mal.



La noche del viernes, la calma antes de la tormenta. No quiero decir que no fuese un cañonazo de concierto (que efectivamente fue así), si no que yo me lo tomé así, intenté guardar las emociones para el día siguiente. Aunque  Marcos tiene algo en la voz, en la mirada o en sus formas, no sé, que te traspasa. No puedes ir a un bolo de este grupo y que se haga indiferente.  Primera noche con un repertorio  que repasa toda su historia, desde el primer disco con Llevo tu voz, gritando, siendo bipolares y recordando al hombre que olvidó su nombre hasta viajar con el sonámbulo. El concierto fue pasando con momentitos en los que te hacen bailar como ‘Tormentas’ o ‘Extraño’ (parabapapapaaa)  y otros en los que te tienes que sujetar las lágrimas como ‘Luces de neón’, ni que hubiesen hecho la canción para ese momento exacto.

Y el sábado la explosión. Al igual que la noche anterior telonean Los clientes de la noche. Me gusta. Gente joven con mucho rollo y que suenan muy contundentes, yo que vosotros iría apuntando este nombre. Después del calentamiento empieza la fiesta de verdad y aparecen en el escenario La sonrisa de Julia y la banda con mis consiguientes cosquillitas en el estómago. Comienza (y termina, qué sinsentido todo) ‘El viaje del sonámbulo’. Iban pasando los temas con un repertorio parecido al día anterior pero aún mejor (aunque parecía que no, sí fue posible). Yo solo podía sonreír mucho y muy fuerte, bailar y moverlo como nunca en un concierto, ni pestañear, dejar que el corazón latiera al ritmo que marcaba Raúl, y aún más fuerte cuando Marcos se enfrentó él sólo con su acústica a las más de 400 personas que estábamos allí abajo. 

Increíble la complicidad que había en ese escenario, y sobre todo en la improvisación-presentación de la banda. Jacob al bajo, la última incorporación después de trabajar años con Quique González, un verdadero capo. Mario a la guitarra, no tengo palabras, igual te toca un rocknroll que improvisa un blues y sin despeinarse, yo aún no he visto nadie sobre el escenario que deslumbre así  con una guitarra. Además de todo, se ve una conexión tan bonita entre Marcos y él que a veces parecen la misma persona. Raúl, el batería que toca de pies. La persona más adorable y sonriente, te contagia el ritmo y no puedes parar, mitad de La sonrisa de Julia, imprescindible. Y por supuesto Marcos: cantante, compositor, guitarrista, señor con bailes extraños y una voz impresionante. No, en serio, a parte de lo mucho que transmite, técnicamente hablando es sublime. (Bien, bien, me sientan bien)


Esta vez no pude aguantarme, según llegaba el final se me cayeron un par de lágrimas, y a alguno más que tenía alrededor que lo vi yo. Pero creo que era más de felicidad por todo lo que dan que de tristeza. Y el final,'Euforia', el estado de ánimo arriba del todo y con las piernas temblando. 

En realidad, todo esto que he escrito no llega ni a la mitad de lo preciosa que fue la despedida, no sé cómo explicarlo mejor, pero si de verdad querías todos los detalles… ah, haber venido.


5 de diciembre de 2013

Bailar, bailar, bailar y beber, beber, beber.

Rocknroll. Después de un concierto de Los Zigarros esta palabra hace eco en tu cabeza.

 Una noche (muy) fría y público muy del norte les esperaban a este grupo valenciano, pero cómo lo supieron manejar. Como que yo acabé en tirantes, pero eso es otra movida. Cerca de las once de la noche comenzó el concierto. En el escenario los hermanos Tormo, Ovidi (cantante) y Álvaro (guitarrista), Adrián Ribes a la batería y Nacho Tamarit al bajo. Es increíble la energía que tienen y cómo la transmiten. No pretenden inventar nada nuevo en la música, sin pretensiones, y quizás la clave está ahí. Se limitan a seguir los pasos del sonido del rock de siempre, recordando desde el mismísimo Chuck Berry a Los Rebeldes. Y lo hacen muy bien, con garra y con sabor propio.

 

A pesar de que al público le costaba entrar en calor (aunque servidora y acompañante no parasen de bailar en todo el concierto), ellos no se rendían y nos obligaban a pasarlo bien. Repasaron todas las canciones de su disco, como Cayendo por el agujero con un sonido de guitarras arrollador, o Hablar, hablar, hablar la cual hizo que bailaran hasta a las señoras con prótesis en las caderas. También sonó Voy a bailar encima de ti, y a mí no hacía más que recordarme a los Burning todo el rato. Para terminar el broche final fueron Dispárame y un bis de Hablar, hablar, hablar que hicieron que aquello fuese una maldita locura (de las buenas, de las de acabar un concierto sin poder parar de sonreír). Fue una noche tan buena que casi ni me acordaba ya que el sonido fue un poquito regular. Quien dice regular dice malo. Quien dice malo dice… bueno, ya me entendéis.

 


Ya lo decía Neil Young, Rocknroll will never die.

31 de julio de 2013

Noches de desenfreno, mañanas de ibuprofeno.

Miércoles 24 de julio, 9 y pico de la noche,
Campa de la Magdalena de Santander.

 Abren las puertas del concierto solidario de la Semana Grande de Santander en el que Rulo cantó contra el paro, una noche bonita para todos los que estábamos allí y 30.000 kilos de comida para Coorcopar, fue un trato más que justo, y si no estabas por aquí y te lo perdiste lo siento por ti.

 La noche comenzó con los teloneros, otros cántabros desde Reinosa, Carburo. Un sonido contundente, la voz de Héctor y la forma de ganarse al público (y la cerveza fresquita en mano) hicieron que lo pasáramos muy bien y fuésemos abriendo boca para todo lo bueno de la noche. Sonaron temazos como’Hijo de un pobre' y escuchamos las últimas canciones a la par que veíamos los fuegos artificiales de la bahía.


Tras un descanso para cenar, seguir hidratándonos a base de rubias, no-ligar y esas cosas que hacen los rockeros, llegaba la medianoche. Se acaban los anuncios y empiezan cinco segundos de cuenta atrás, de tensión, de ganas. Comienza el concierto con ‘A punto de colapsar’ y no me llega el escalofrío que debería, será porque el segundo disco de Rulo y la contrabanda, Especies en extinción, no me ha llenado tanto como el primero o como lo hacía La Fuga. (Aquí hago un inciso para decir que me parece fatal que se sigan llamando La Fuga faltando el alma de ese grupo, así, tal cual, podéis empezar a criticarme si queréis.)

El segundo tema de la noche y el pistoletazo de salida para mí, suena ‘No sé’, se me sale la sonrisa. La noche fue mágica. ‘Heridas del rocknroll’ y ‘El mejor veneno’ para celebrar la bendita locura de ser una banda de rock y todas sus consecuencias. ‘Mi cenicienta’, haciéndome sentir que la vida es menos puta si gente como él está a mi lado (o en mis oídos). Siempre emotiva ‘Primavera del 87’ a la memoria de Gonzalo Ruiz, por todos los que cayeron (y siguen cayendo) por los borrachos de poder. ‘Buscando en la basura’ y ‘Por verte sonreír’ haciendo recordar y temblar, aunque me faltó ‘Baja por diversión’. Tras un descanso Rulo comienza ‘La fuente cacho’, sí, una de esas canciones populares que solo sabe la gente del lugar, y si eres de fuera te jodes. Tras ésta el himno del centenario de nuestro Racing de Santander, levantando muchas banderas en el público y unos cuantos aficionados del equipo en el escenario, tiñendo de verdiblanco la campa por un rato. ‘Fauna rara’ con la aparición de la banda disfrazada con cosas muy frikis que levantan la risa del público y el pasárnoslo bien. Tocaron el corazoncito ‘Buscando el mar’ y ‘La flor’, y quise muy fuerte a Rulo en ‘Tranqui por mi camino’.


La noche termina con ‘El vals del adiós’ versionada por un grupo de mexicanos ataviados con el típico traje y gorro de mariachi, ándale, ándale. Cosa que no me gustó: que no cantara él, era la última, jo, debería haberlo dejado (más todavía) por lo alto. 

Sobreviví a los anuncios de reggaetón previos al concierto, al típico grupo tocapelotas de detrás al que te entran ganas de matar y a mi metro sesenta; y quiero volver a sufrirlo todas las noches si después viene Rulo y lo arregla de esa manera tan especial como solo puede hacerlo él cantando ‘Por verte sonreír’ 


 Sólo puedo decir:‘Brindo por esas noches de verano, apurándonos los cuerpos, esa mezcla de sonrisas y rocknroll’

24 de junio de 2013

Mis dramas y el precioso de Andrés Suárez.

21 de junio, Día de la música y yo lo celebro viendo a Andrés Suárez en directo.

No sé por dónde empezar, aún me dura la resaca emocional, le quería y le odiaba a la vez mucho y fuerte. Se me hicieron tan cortas las casi dos horas de concierto…

Confieso que aunque varias veces vi que actuaba aquí y me habían hablado de él no hace demasiado que empecé a escucharle. Pero me encantó desde el minuto uno, qué le voy a hacer, yo soy una triste y él también, y encima gallego. Al fin perdí la Andréssuarezginidad este viernes, y ojalá la noche hubiese sido eterna.

Este señor solo con una guitarra acústica y toda la sala en silencio, era precioso escucharle cantar, y contar las historias de las canciones, o cómo ‘Números Cardinales’ es ‘Puntos cardinales’ y ‘Vuelve’ ‘Regresa’ para su mamá.

Traspasaba la piel con cada canción un poquito más, sólo a ratos dejaba de doler, pero oye, que a mí es que me encanta así, que me gusta el drama. ¿Tampoco esperaríais otra cosa de un cantautor, verdad? Sonaban ‘Así fue’, ‘Tengo 26’, ‘La vi bailar flamenco’, ‘Rosa y Manuel’, ‘Números cardinales’, ‘Benijo’, ‘Vuelve’… Me rompí con ‘320 días (casi un año)’, con ‘Necesitaba un vals para olvidarte’ creía que nos despedíamos, y jo, pero no, en realidad fue con ‘No te quiero tanto’, por todo lo alto y con el corazón a mil, que es lo que mejor se le dá. Juro que tenía mucha más fuerza él en ese escenario que muchas bandas de las que dan conciertos en campos de fútbol.

Se crearon momentos preciosos en los que se le veía cara de felicidad extrema mientras solo cantaba el público, suave, sonaba hasta entonado; o en los que se deshacía del micro y el ampli de la guitarra y todo se hacía mucho más íntimo aún, no tengo palabras para describirlo. Tienen un don, y la voz muy bonita, y la capacidad de transmitir mucho, y me alegro que le esté llendo así bien. Es que no se puede comparar el disco con el directo directazo.


No sé si lo habréis notado ya pero me encantó, y si me permitís un consejo: ¡Id a verlo, carallo!

29 de abril de 2013

La noche que fue casi eterna (y me quedé con la ganas).

No voy a engañar a nadie, a mí Love of lesbian me gustan mucho mucho y esto para nada será una crónica objetiva. Ni correcta. Ni graciosa. Ni crónica (¡Yo vengo a hablar de mi libro!). Y si venís con la intención de leer algo interesante os recomiendo que cerréis esta página, y apaguéis el ordenador, y os vayáis a la mierda librería a comprar un puto libro de Nietzsche. Si continuáis leyendo, ya es responsabilidad vuestra, yo avisé.

Pues bien, Sábado 27 de abril de 2013.
Yo iba con sentimientos reserva, es decir, encantada de la vida de verlos por fin pero no me había hecho demasiadas ilusiones, voy aprendiendo a no idealizar y esperar demasiado. (Bien por mí.) Pero no todos los días las cosas conspiran así, y hasta el mal tiempo hacía que fuese más 1999. Más Belice.

Había señores bonitos, modernos, modernas, cosas no identificadas, bollibollis (Y tanto que concierto de Amor de lesbiana, que estaba rodeada, copón), y gente normal muchos seres de diferentes especies. Cuanto menos era gracioso. Todo vendido por cierto, estaba precioso el Escenario lleno.

Algo más tarde de las diez y media, con unas cuantas cervezas en el cuerpo, se apagó la música y aparecieron en el escenario. 'Me hundí en tu noche y el placer fue infinito...'. En ese momento ya sabía que iba a ir bien. No bien, magnífico, espléndido, formidable (todo esto leído con acento francés y bigote). De puta madre, vaya.




Belice, universos infinitos, noches reversibles (no recuerdo bien el orden). Poco que decir tengo, la sonrisa de boba que tuve durante todo el concierto hablaría mejor que yo. Pero no tiene manos para escribir, lo siento. 'Alguien en una terraza ha gritado te amo...'. Era temazo tras temazo, el orden de canciones perfecto. Y fuese cual fuese diréis, pues no. Ese 1999 tras niña imantada y romper las ventanas después es la clave. La clave para que yo me quisiera morir quiero decir, pero se me olvidaron las cuchillitas en casa y me tuve que dejar las venas largas.

Yo a Santi Balmes lo amo cuando no baila tan mal, cuando cuenta la historia de Bala y cuando canta a John Boy, pero aún más cuando me parte en cachitos con esas más tristes. Que soy un drama con patas, qué le voy a hacer.

Me encanta cuando una banda hace que todo parezca tan fácil, y sé que no lo es para nada. Provocan buen rollo, y eso mola tío. Mola mucho. La cara de Oriol (batería) durante todo el concierto, como si no estuviese acostumbrado a eso ya todas las semanas, lo decía todo. Que si plumas, gafas, ¡Ponte la camisa!, movimientos sensis. La química que hay entre ellos para hacer las canciones bonitas tan bonitas y pequeñitas y mágicas; y para hacer de las divertidas un show y un espectáculo que no sabes si cantar, bailar, reírte, o qué. Lo hacen sin querer (queriendo), obligan a disfrutar al público.



En el minidescanso cogieron fuerzas para volver y hacernos ""bailar"" (comillas no, doble comillas, porque hay cada uno... que si lo vieran desde el escenario no cantarían eso de 'no bailamos tan mal...'); volvieron para hacer moverse a todos con el club de fans de John Boy, los pizzigatos, Santi amándose, (y nosotros también), Si tú me dices Ben, yo digo Affleck... Y nos anuncian el fin del concierto. Después de dos horas de bolo no está nada mal. Algunas plantas fue la fiesta, y Toros en la wii... obvio, no lo diré, no os daré lo que queréis, los duendes me dicen que queme cosas, almondiguilla. FANTÁSTICOOO (parapaparaparaaa).

Pero no acababa aquí, y yo que pensaba que no les podía querer más fuerte estaba equivocada. Los días no vividos me hicieron temblar y sentir mucho (ojalá todos los días sin vivir y poder quedarme en esa noche eternamente). La sonámbula y el insomne cerraron la noche (qué mal, qué mal. Maldita depresión postconcierto.) Y yo ahí con mi carita de tonta, ya pasó el concierto. Como cuando en la ducha intentas coger mucho agua con tus manos y se acaba resbalando todo. Pues así. Qué vacío existencial más grande.





No recuerdo, una anti-historia mejor, de contenido incierto. Y alzo el vaso, más vacío que yo, lo elevo hacia el infierno. Por lo que quizás seré, y lo que queda por hacer. Sin brindar celebraré los días no vividos.









Y al final un taxi que me lleva de vuelta a casa. (Qué irónico, ¿no?) Sin el suficiente frío para poder escribir 'Que sea cierto el jamás', ni las ganas.
  


Y al bajar del taxi... el fin, ya apenas duele.

17 de noviembre de 2012

No esperéis que sea objetiva.

Que algo que has estado esperando más de un mes haya pasado es una sensación, cuanto menos, horrible. Todo lo contrario al sabor que se queda en la boca tras una noche tan (tan, TAN) bonita. Son sentimientos encontrados todo el rato. Adiós 'El hombre que olvidó su nombre', hola 'El viaje del sonámbulo'.

La sala llena, habían colgado el cartel de 'Entradas agotadas', más que merecidísimo. Yo sentada en una esquina con el corazón que se me salía del pecho. Los minutos parecen horas, pero al final llega el momento.




A las diez puntualísimos, Marcos en el escenario, solo él y su guitarra, y todos los demás nos callamos y nos hacemos pequeñitos ante esa pedazo de voz cuando empieza a cantar 'Naufrago'. Por no hablar de 'Aleluya'. Cerrar los ojos y sentir esa voz cálida, tierna, que abriga, es precioso (como él). 

No esperéis que sea objetiva hablando de alguien que me hace temblar así.

Aparece Raúl con el cajón, pandereta, guitarra, y resumiendo, un poco hombre orquesta. Se inunda la sala de buen rollo (bueno, más del que ya había), tiene una mirada que transmite tanta calma. La conexión entre Marcos y él es tan, no sé, gigante. Claro que, por algo La sonrisa sigue existiendo después de diez años...




Como habréis comprobado no voy a comentar la armonía de sus canciones o si cierto arreglo es copiado de Pepito el de los palotes o si se creen Superman haciendo tal cosa, yo aquí expreso sentimientos, para hablar los tecnicismos ya están los expertos (esos queridos críticos musicales...), YO HE VENIDO A HABLAR DE MI LIBRO, bueno no, ya me entendéis.

Sonaron canciones tranquilas como 'Libres', 'Grito', 'Hay alguien más ahí', (mi) 'Luces de neón', otra de esas de quedarse callados y disfrutarla. Pero creo que es imposible hacer que Marcos se quede sentado un concierto completo y pronto necesita(mos) saltar, bailar con otros temas como 'Euforia' o 'Extraño'. Un bolo de La sonrisa no sería lo mismo sin esos momentos de microlocura transitoria del señor Casal. Todo esto mientras una bronquitis estaba pegándose con su garganta, pero Marcos es muy Marcos y no hay nada que le pare.

Todo empieza y todo acaba, por suerte aún quedaba mucho por ver/oír/criticar anoche. Así, por ejemplo, los invitados (muchos) con los que lo pasamos muy bien, aunque como todos, tengo mi debilidad por uno de ellos. Por el escenario (que le habían puesto bien bonito, por cierto) pasaron artistas como Wacho con su saxo, Ibis a la guitarra y Mario de inocencio (momento que me pareció de los mejores de la noche, favoritismos a parte, y que fue gracioso que hasta las cuerdas de la guitarra de Marcos quisieran saltar, es que fueron 'Puedo', 'Loco'... y así pues es que no se puede disimular).




Más tarde y homenajeando a George Harrison, todos los anteriormente mencionados volvieron al escenario, además de Juan (El sueño de morfeo) y Javi y Gema (Spanish Peasant). Presentación de los mismos y el público nos lo pasamos bien. (Muy bien, me sienta, me sienta bien... Bueno, eso.)




Ahora sí que sí, llega el final y tras estar saltando y moviéndonos como locos les suplicamos una canción más (Solo una vez más...). Toca despedirnos sentados, con 'El instante', me teletransporta y se me rompe el corazón y se me rompe todo. Malditos Raúl y Marcos, lo bonito que lo hicieron.




Nadie podrá arrebatarnos toda la magia de ese instante.

11 de noviembre de 2012

Que se mueran las Emes y las Ladys cuchitril.

Un concierto de Leiva siempre es mágico, y esto es así, es un axioma universal. (Para las "princesas": Axioma: proposición que se considera evidente y se acepta sin requerir demostración previa, regla general de pensamiento lógico.)


Sabes que todo va a ir bien cuando le ves y se te hace el nudo en la garganta, qué malo sería acostumbrarse a los bolos, pre-bolos y post-bolos. (La gente que en vez de concierto decimos bolo somos amor, lo tenía que decir.) Bien, pasado el momento "grupie" y prueba de sonido terminada, primera fila. (primeras filas nuestra obsesión, por mi metro sesenta, básicamente, porque otro axioma conciertil es que siempre se te pone alguien delante más alto que tú, y muchas veces cabezón) Bueno, por donde iba, primera fila y tener detrás a las ya mencionadas princesas, conocidas por este nombre por sólo saberse esta canción y ser su preferida, cosa que quedó demostrada cuando dijeron/gritaron (porque esta especie normalmente hablar, lo que es hablar, no saben, y dicho sea de paso, lo de empujar sí que se les da de vicio) "Espera, que tenemos en el móvil la letra de 'El caso de la rubia platino', para cantarla luego." No voy a decir nada al respecto.



Definición gráfica.


Se hace eterna la espera, como siempre, cosquillas en la tripa. 22:30 humo. 22:35 Alex afinando la guitarra de Leiva y ya se oyen los primeros chillidos. 22:40 - 22:45 Sale Lei y casi me quedo sorda, de verdad, los gritos de estas chicas deberían estar en el libro de los récords guiness. Omitiendo eso y que en vez de oír a la Leiband sólo oía sus berridos, empieza lo bonito con "Hoy no voy a ser quien quieres, no tengo miedo, voy a saltar..."



Penaltis. Éxtasis. Todo lo que tú quieras. Subidón total, metiéndose a la gente en el bolsillo (y a niñas en sus botas, prácticamente). Suena animales y todas nos volvemos un poco guarrillas, juraría que nunca la había oído en concierto y es como un tiro en la cabeza, me dejó loca, de las que más me gustaron. Agradecimientos por gastar el dinero en estar ahí esa noche (¿DÓNDE MEJOR?) y suena superviviente, la cuál solo se sabían los más fanes.


Llegan canciones bonitas, Aunque sea un rato, Vis a vis... Esas que son para quedarte quieta, cerrar los ojos y no oír nada más que a él y su guitarra, sentirlo dentro. Y también a veces hacer lo posible por aguantarse las lágrimas. Cosa que, en parte, no fue posible gracias a las nenas de detrás y sus voces de pito gritándonos al oído. Hago un llamamiento a los señores, por favor, tocad en salas para mayores de 18 años, porfi, porfi, porfi. 

Entre canción y canción '¡Qué bien cantáis, Santander!' y tonterías varias de esas, siempre gusta que hagan un poco la pelota, reconozcámoslo ya.

También tocaron la ya mencionada El caso de la rubia platino, del maestro Sabina. Una versión nunca es mejor que la original, pero se salieron. Telediario/Autopista, como se quiera llamar, nos acordamos de Quique, a miles de kilómetros de aquí con un "bebé" entre manos (ganas).


 La energía fluyendo (y conectando) por toda la banda, suena Ya no tengo problemas, de Sidecars y con ella la presentación. El gran (gran gran) César Pop al teclado y guitarras, Luismi a la percusión, los vientos bonitos (Pachequín y Tuli), el señor Robe que le acompaña desde el principio a la batería, Mejías al bajo, el hermanito que le roba los gintonics, Juancho Sidecars, (o Juancho conejo Torres, pero suena muy mal) y, por supuesto, él, Miguel/Leiva.


Superhermanas (siempre con ganas, nos ha quedado claro), y el bolo llega a su fin. O no, que solo iban a por más agua/gintonic/sustancianoidentificada. Bueno, y Juancho a abrirse la camisa cual cani. (Para las princesas: cani, llamado también pokero, shurmano, bakala, shuprimo)

Tras el mini-descanso, (mi amada) Amelie, es taaan bonita. Eme y esta vez sí, para acabar Lady Madrid. 

Sonaron genial, sentí y me divertí, salí con la sensación de que había sido algo grande, y está por encima de intentos de grupie-putillas y todo lo demás. (Aún quedaban cositas, pero son de esas que no se pueden contar.)


Gacias y... hasta pronto.



Fotos hechas por Tamara Herrera.

30 de marzo de 2012

24 de marzo (o cómo pasar una noche espectacular)

Mucha gente, calor, ruido que se mezcla con algo parecido a lo que llaman música y olor a sal. La música se para y tras unos milisegundoes en silencio se oyen aplausos. Marcos, Curro y Raúl salen al escenario, más aplausos, silbidos, gritos... Aún no sabían lo que les esperaba esa noche. Con los primeros acordes ya mandaron una onda de buen rollo a las 450 personas allí presentes (sold-out, increíble), y al llegar al estribillo yo ya estaba totalmente colgada de esa voz, de los bailes y de la energía que desprendían los bellos de La sonrisa de Julia. (Todo pese al altísimo volumen de los altavoces que a veces reventaban los oídos)

 Y así fue pasando la casi hora y media de concierto entre saltos, miradas bonitas, risas, gritos, bromas, canciones de quedarte quieta, con los ojos cerrados y notándolo fuerte ('Puedo', 'Dónde está mi vida'... Esta última, uf, preciosa); muchos saltos ('Loco'); 'Extraño', que fue una de las mejores de la noche... Por desgracia todo tiene un fin, y el de este concierto ya llegaba (y eso no mola, no mola nada tío). Aparece Alberto en el escenario, es momento de 'El hombre que olvidó su nombre' y yo me quedo, aparte de mi enamoramiento con esa canción y su respectivo baile epiléptico, con las miradas y sonrisas cómplices encima del escenario. Que todo eso se transmite, de verdad.

 Fin. Un final sudoroso y con una sensación inexplicable que me dibujaba una sonrisa en la cara. Pero la noche no había terminado, ni de coña. Aún quedaban otros cinco señores bonitos por subir ahí arriba. 

Comienzo del concierto algo frío, Alberto pachuchillo hacía lo que podía y el resto de los Miss Caffeina parecía que estaban un poco en otro mundo, cosa que se arregló a la tercera canción. No faltó el larala en 'Mi rutina preferida', 'Otoño y mariposas', me sorprendió 'Golosinas, otra canción para cerrar los ojos y dejar que haga pum pum; los saltos en 'Ley de gravitación universal', 'Ley de imposibilidad del fenómeno' que me llegó al alma y 'Capitán' sintiendo como retumba por dentro. 'Lisboa' espectacular, junto con Marcos, de la Sonrisa, que elevaba los pies del suelo de verdad, con un fin en 'El hombre que olvidó su nombre' de nuevo y caras de felicidad absoluta en todos y cada uno de los que ocupaban el escenario.

 Tras suplicar varias veces 'Otra', ahora sí que sí, llega el (sublime) final con 'Cabaret'. Ojalá pudiese probar un poquito de lo que siente Alberto en ese momento cantando entre el público, debe ser genial... Una vez todos arriba, la última parte de la última canción del último grupo de la noche acaba, y lo que yo tengo es agotamiento y felicidad a partes iguales, es extremo.

 Es precioso.