17 de noviembre de 2012

No esperéis que sea objetiva.

Que algo que has estado esperando más de un mes haya pasado es una sensación, cuanto menos, horrible. Todo lo contrario al sabor que se queda en la boca tras una noche tan (tan, TAN) bonita. Son sentimientos encontrados todo el rato. Adiós 'El hombre que olvidó su nombre', hola 'El viaje del sonámbulo'.

La sala llena, habían colgado el cartel de 'Entradas agotadas', más que merecidísimo. Yo sentada en una esquina con el corazón que se me salía del pecho. Los minutos parecen horas, pero al final llega el momento.




A las diez puntualísimos, Marcos en el escenario, solo él y su guitarra, y todos los demás nos callamos y nos hacemos pequeñitos ante esa pedazo de voz cuando empieza a cantar 'Naufrago'. Por no hablar de 'Aleluya'. Cerrar los ojos y sentir esa voz cálida, tierna, que abriga, es precioso (como él). 

No esperéis que sea objetiva hablando de alguien que me hace temblar así.

Aparece Raúl con el cajón, pandereta, guitarra, y resumiendo, un poco hombre orquesta. Se inunda la sala de buen rollo (bueno, más del que ya había), tiene una mirada que transmite tanta calma. La conexión entre Marcos y él es tan, no sé, gigante. Claro que, por algo La sonrisa sigue existiendo después de diez años...




Como habréis comprobado no voy a comentar la armonía de sus canciones o si cierto arreglo es copiado de Pepito el de los palotes o si se creen Superman haciendo tal cosa, yo aquí expreso sentimientos, para hablar los tecnicismos ya están los expertos (esos queridos críticos musicales...), YO HE VENIDO A HABLAR DE MI LIBRO, bueno no, ya me entendéis.

Sonaron canciones tranquilas como 'Libres', 'Grito', 'Hay alguien más ahí', (mi) 'Luces de neón', otra de esas de quedarse callados y disfrutarla. Pero creo que es imposible hacer que Marcos se quede sentado un concierto completo y pronto necesita(mos) saltar, bailar con otros temas como 'Euforia' o 'Extraño'. Un bolo de La sonrisa no sería lo mismo sin esos momentos de microlocura transitoria del señor Casal. Todo esto mientras una bronquitis estaba pegándose con su garganta, pero Marcos es muy Marcos y no hay nada que le pare.

Todo empieza y todo acaba, por suerte aún quedaba mucho por ver/oír/criticar anoche. Así, por ejemplo, los invitados (muchos) con los que lo pasamos muy bien, aunque como todos, tengo mi debilidad por uno de ellos. Por el escenario (que le habían puesto bien bonito, por cierto) pasaron artistas como Wacho con su saxo, Ibis a la guitarra y Mario de inocencio (momento que me pareció de los mejores de la noche, favoritismos a parte, y que fue gracioso que hasta las cuerdas de la guitarra de Marcos quisieran saltar, es que fueron 'Puedo', 'Loco'... y así pues es que no se puede disimular).




Más tarde y homenajeando a George Harrison, todos los anteriormente mencionados volvieron al escenario, además de Juan (El sueño de morfeo) y Javi y Gema (Spanish Peasant). Presentación de los mismos y el público nos lo pasamos bien. (Muy bien, me sienta, me sienta bien... Bueno, eso.)




Ahora sí que sí, llega el final y tras estar saltando y moviéndonos como locos les suplicamos una canción más (Solo una vez más...). Toca despedirnos sentados, con 'El instante', me teletransporta y se me rompe el corazón y se me rompe todo. Malditos Raúl y Marcos, lo bonito que lo hicieron.




Nadie podrá arrebatarnos toda la magia de ese instante.

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